jueves, 15 de abril de 2010

VIAJE A TIERRA SANTA, (Día 6 Masada, Mar Muerto)

Día 6, Masada, Mar Muerto (Miércoles, 31 de marzo de 2010)

A las ocho de la mañana teníamos prevista la salida del hotel hacia la zona sur-este del país, teníamos que visitar Masada y el mar muerto.
Salimos en autobús y poco a poco fuimos bajando desde los 800 metros de altitud de Jerusalem hasta los 400 metros bajo el nivel del mar, pasamos cerca de la ciudad autónoma palestina de Jericó y numerosos poblados de los nómadas beduinos que paseaban con sus rebaños de cabras. El paisaje se iba haciendo más árido por momentos y mostrando un aspecto típicamente desértico, las montañas en toda la gama de marrones iban apareciendo cada vez más escarpadas y peladas y únicamente se veían restos blancos de sales por lo que debía ser el cauce de un torrente que desembocaría en el mar muerto. Algunas plantaciones de palmeras datileras perfectamente dispuestas y algunos kibbutzs eran la actividad en las proximidades del mar muerto y por fin divisamos a lo lejos la fortaleza de Masada, he de confesar que en el primer momento no me impresionó, más bien al contrario una ligera decepción me empezaba a invadir cuando seguimos acercando y aquello que la lejanía me hizo apreciar pequeño se volvió grandioso con la cercanía, ¡había que tener valor para construir aquella fortaleza en todo lo alto!.

Construida por Herodes el Grande junto con otras seis en las proximidades de Jerusalem (Maqueronte, Herodion, Kipros, Hircanus, Hípico y Fasael), fue elegido este lugar por la situación inexpugnable del monte donde se asienta con unos acantilados de unos 440 metros de altura. En el año 70 d.c. un grupo de 700 judíos encabezados por Ben Yair y creyéndose los últimos judíos libres se encerraron en la fortaleza para evitar ser prisioneros de los romanos, después de varios años de asedio los romanos decidieron construir una rampa para acceder a la fortaleza y destruir a ese grupo de judíos. Antes de que los romanos alcanzaran la muralla, los cabezas de familia judíos mataron a sus familias y después sortearon quién de ellos mataría al resto de los cabezas de familia y al final se suicidaría, dos mujeres y cinco niños quedaron vivos y fueron ellos los que contaron lo sucedido ese día. Como reconocimiento a esos judíos las tropas de elite del ejército israelí ascienden a la montaña por la senda de la serpiente en una ceremonia nocturna a la luz de las antorchas y al llegar arriba exclaman “Masada no volverá a caer”. Será este espíritu el que llevó a Paco y a Eugenio a emprender la subida por la senda de la serpiente mientras el resto utilizábamos el “cable-carril”, o sea, el teleférico.

Llegamos arriba y bajo un toldo y frente a una maqueta el guía nos hizo una introducción de la historia y de las características de la fortaleza. Comenzamos la visita por la cantera de la que se extraía la piedra para la construcción de casas y murallas, seguimos por las dependencias del comandante de la fortaleza en las que se pueden observar los restos de frescos de las paredes. Aparece en toda la fortaleza una línea negra que indica la parte encontrada en las excavaciones y la parte restaurada. Continuamos por los almacenes donde se guardaban víveres que permitirían sobrevivir a los 700 judíos durante 7 años, desde allí pasamos a los baños romanos, sala fría, templada y caliente y unas pilas escalonadas (mínimo 7 peldaños) para el baño ritual judío. A continuación fuimos a ver el palacio de Herodes, construido con tres terrazas, superior, intermedia e inferior, fotos en la superior y una vista del mar muerto espectacular y de los restos de los asentamientos romanos y de la muralla que rodeaba el peñón, descendemos hasta la inferior porque la intermedia no es accesible, frescos en las paredes y columnas de piedra sirven de decorado a unas fotos de grupo,

regresamos arriba y nos metemos en uno de los edificios administrativos, siguen las explicaciones del guía sobre la desaparición del pueblo judío de Masada, recuperado el aliento, bajamos a ver el sistema de canales que servía para la captación de agua en los montes próximos y el transporte hasta depósitos ubicados en la ladera de la montaña

y trasladada a los aljibes de la fortaleza en grandes cántaros, según los cálculos los judíos tenían reserva de agua para 2 años. Sorprende que los romanos no fueran capaces de cortar los canales de abastecimiento, aunque viendo las películas de gladiadores o los comics de Asterix donde siempre pierden los romanos tampoco extrañará a nadie su poca habilidad con el agua.
Seguimos la visita por los columbarios, palomares que suministraban huevos, carne, abono para los cultivos y transporte de correo para los habitantes de la fortaleza.
Llegamos a la zona de desembarco de la rampa romana que quedaba por debajo de la muralla y a la que se accedía con una torre de asalto. Se puede observar la parte de la muralla derribada en el asalto.
Enfrente de la esa zona de la fortaleza se levanta una pequeña colina en la que se ha excavado una gruta para colocar una lápida que sirve de monumento a los judíos caídos en Masada.
Terminamos la visita en una capilla cristiana bizantina.
Era el momento de regresar y no habíamos dado con Paco ni Eugenio, me los imaginaba llegando arriba satisfechos por la proeza y gritando eso de “Masada no volverá a caer” y luego pululando por la fortaleza sin dar con el grupo. Decidimos dividirnos y mandar una avanzadilla en el teleférico hasta abajo y cuatro de nosotros nos repartimos por la fortaleza para buscarlos, unos hacia la parte meridional, otros hacia la septentrional y yo me subo a la torre del edificio de guarnición desde donde se divisa toda la meseta. Por fin llegan abajo y encuentran a Paco y Eugenio en el lugar donde nos habíamos separado, nos avisan y bajamos en el teleférico.
Una vez reunido el grupo José Antonio, el responsable de la agencia, nos da 20 minutos para hacer algunas compras, entre las que más éxito tiene es un certificado de haber estado en el punto más bajo del planeta.
Pasado ese tiempo nos montamos en el autobús y nos dirigimos hacia la fábrica de cosméticos Ahava, entramos y nos dan una tarjetita con el descuento del 15% en los productos, las señoras cogen una cesta, cual Caperucita en el bosque, para llenarla de potingues, lo primero a la sala de presentación, el kit antiarrugas, el kit facial, el kit corporal, el kit for men, si compras uno te regalan otro, si compras el antiarrugas te regalan cuarto y mitad de antiojeras, si compras el antiedad te regalan las sales o el de spa, etc. etc.
Prácticamente todas las señoras adquieren su bolsita y mientras tanto nosotros sentados en la mesa de terraza unas coca-colas y a esperar.
Terminada la visita nos vamos a Qumram, lo primero de todo pasar al restaurante a comer, ensaladas variadas, arroz blanco, pollo asado y fruta. Algunos de nosotros pasamos a ver un video sobre la secta de los esenios y su forma de vida y otros se quedan en la mesa tomando café. Una vez terminada la película, aproximadamente 10 minutos de duración, lo justo para tomarnos un chupito de orujo, recorremos el museo de Qumram donde se muestra parte de los manuscritos encontrados

y alguno de los objetos hallados en las excavaciones, después salimos a la calle y bajo un sol de justicia y un calor asfixiante hacemos un recorrido por la aldea esenia, vemos varios baños rituales judíos con sus 7 escalones, vemos el refectorio donde se comía en comunidad y una cocina, también podemos observar la gruta donde se encontraron los textos manuscritos.


Volvemos al autobús y nos dirigimos hacia el balneario Ein Gedi en el mar muerto, con una concentración de 30% de sal (lo normal es el 5%) no es recomendable bañarse recién afeitado o depilada o con alguna herida porque la sensación es bastante incómoda, nos ponemos los bañadores en un vestuario comunitario separado para hombres y mujeres y al agua, no está tan caliente como esperaba y la sensación de hundirte en el barro es agobiante; cuando consigues echar el culo al agua y compruebas que realmente flotas hagas lo que hagas, las sensaciones son mucho más placenteras; mientras unos se quedan en la orilla embadurnándose de barro negro, que dicen que tiene propiedades cosméticas,

José Luis y yo nos adentramos en el mar hasta no hacer píe y comprobamos las dificultades para mantener el cuerpo vertical. Terminado el baño, nos duchamos para eliminar la sal y el barro de nuestros cuerpos y después de cambiarnos de ropa y tomarnos una cerveza nos subimos al autobús y de vuelta al hotel.
Ya en el hotel, decidimos salir de nuevo al Santo Sepulcro con la firme intención de aguantar la cola necesaria para entrar en el sepulcro; éramos 11, salimos del hotel a toda marcha para llegar a la cola del sepulcro, una vez allí la gente avanzaba rápidamente a diferencia de lo que nos ocurrió el día anterior,

cuando llegamos a la puerta del sepulcro, nos anuncian que en 10 minutos cierran y eso obliga al ortodoxo que controla el sepulcro a darnos menos tiempo del que hubiéramos tenido en otra ocasión, pero en cualquier caso pudimos entrar y sin duda valió la pena, fue un momento muy sobrecogedor.

Acalorados y sedientos salimos de la iglesia en el momento en que entraban dos policías que iban echando a la gente a la calle, nos dirigimos hacia la puerta de Jaffa y de allí a las galerías comerciales de Mamila, las cruzamos sin parar y llegamos al barrio judío de Ben Yehuda, entramos en un bar a tomar unas cervezas

y de ahí a cenar a un restaurante llamado Adom, un local un tanto escondido al que se accede por una callejuela pasando bajo un arco atravesando un patio y bajando una cuantas escaleras hasta llegar a una puerta acristalada, nos sentamos y pedimos entrantes variados a elección de la camarera pero sin ensalada y sin coliflor, es decir, foie, trigueros, carpaccio o raviolis y de segundo unos entrecot con pimientos que más parecían solomillos y para postre unos dulces a compartir, crema catalana, helado …
Al salir del restaurante decidimos visitar el muro de las lamentaciones, algunas de las señoras preferían ir al hotel así que fuimos a acompañarlas, pasamos cerca del barrio ultraortodoxo de Mea Shearim aunque obviamente no entramos y cuando llegamos al hotel cogimos dos taxis y llegamos al muro, pasamos por el detector de metales y al llegar al muro había una furgoneta de la policía en la puerta de los servicios y un joven policía se nos acerca y dándonos el alto nos dice “Maybe a bomb in the bathroom” y nos hace gestos para que nos apartásemos hacia atrás, al momento nos indica que ya no hay problema y que podemos pasar, empiezan a aparecer muchos más policías que forman delante de los servicios con una tranquilidad propia de quien no es la primera vez que está en esta situación, nosotros cogemos nuestra kipá y accedemos al muro, hay muchísima menos gente que la vez anterior y volvemos a pasar dentro del túnel de la sinagoga, al salir observo a cuatro jóvenes con la metralleta a la espalda que están orando en el muro, salgo de la parte de los hombres a encontrarme con la mujeres que nos esperan fuera y mientras tanto Eugenio, José Luis, Domingo y Amado suben al altillo de la sinagoga y observan a varias mujeres que se encuentran al otro lado del cristal, enseguida sube uno de los judíos viejos y ellos bajan antes de que el judío llegue arriba. Todos juntos de nuevo salimos, tomamos otros taxis y de vuelta al hotel.

Es probable que todo el tema de la bomba e incluso el gran número de policías que vemos en la explanada tenga algo que ver con el Birkat Cohanim, bendición sacerdotal por la que decenas de miles de fieles se reunirán en la madrugada de hoy para escuchar la bendición al pueblo judío. (video Pascua 2010)

VIAJE A TIERRA SANTA (Día 5, Jerusalem)

Día 5, Jerusalem (Martes, 30 de Marzo de 2010)

Estábamos convocados a las 8:00 de la mañana en el lobby del hotel ya preparados para tomar el autobús y comenzar nuestra visita por Jerusalem, respetando los ligeros deslices con el reloj, embarcamos prácticamente a la hora, aunque para ser exactos diremos que pasaban unos cinco minutos de las ocho.
Pusimos rumbo hacia el este de la ciudad hasta llegar a un parking para autobuses situado en la zona de la Puerta del Monte Sión. Descendimos del vehículo y nos adentramos en unas callejuelas estrechas hasta que llegamos al Cenáculo, eran casi las nueve y parados frente a la puerta y bajo la estatua del Rey David escuchamos las explicaciones del guía. Cuando fuimos a entrar la puerta del cenáculo estaba cerrada, aunque el cartel de la entrada indicaba que el horario era desde las 8:30 todos los días del año, ¡no sé si aquel día no estaba en el año, la hora de apertura estaba mal, o nuestro reloj estaba estropeado! El resultado es que no pudimos entrar a la sala donde tuvo lugar la última cena.
Desilusionados por el contratiempo continuamos con la visita, íbamos a visitar la tumba del Rey David, realmente, íbamos a visitar el lugar donde se dice que está la tumba del Rey David, pero ese pequeño matiz carece de importancia en cuestiones de fe. El guía nos indicó que ese lugar estaba administrado por los judíos ultraortodoxos, esos que se dedican por completo al estudio de la Torah, y que era obligatorio que las mujeres pasaran por un lado y los hombres por otro, también tuvimos que cubrir nuestras cabezas con gorros, sombreros o en su defecto con una kipá de cartón que te prestaban a la entrada. Perfectamente dispuestos entramos en una pequeña sala cuadrada que se utilizaba como biblioteca, en la pared de la puerta un armario cerrado con puertas de cristal que almacena textos sagrados, a la derecha de la puerta otra estantería para libros y una mesa larga con sillas tras ella y dos judíos estudiando; enfrente de estos un armario grande donde estaba guardada la torah y que estaba cubierto por un tapiz negro con una inscripción en hebreo, al lado del armario, un gran atril para leer la palabra

y a continuación una puerta que llevaba a otra pequeña sala donde estaba la tumba del Rey David cubierta por una tela granate con textos hebreos y dibujos bordados y una gran caja metálica colgada sobre ella con una lámpara encendida. En medio de la sala una mampara divide la estancia en dos para que hombres y mujeres estén separados.


Al salir de la tumba del Rey David, vimos la silla donde se sentó el profeta Elias, de ahi viene la tradición de colocar una silla de más en la mesa cuando se celebra la pascua Judia para esperar la llegada del profeta o de cualquier persona que se presente inesperadamente se conozca o no. Tambien se cuenta que esta silla es el lugar donde se sentaba el padrino del niño, cuando a los 8 días de su nacimiento había que realizarle la circuncisión.
Terminada esta visita salimos a la calle y nos dirigimos hasta la iglesia de la Dormición de María, donde según la religión cristiana la Virgen se quedó dormida para ascender a los cielos en cuerpo y alma. Se trata de una iglesia circular con mosaicos dorados en las paredes y una estrecha escalera de caracol que lleva al piso inferior donde se encuentra una escultura de la virgen dormida a tamaño natural realizada de madera con las manos y la cara de marfil; rodeando a la escultura 6 gruesas columnas sujetan una cúpula con mosaicos de figuras femeninas del antiguo y nuevo testamento.


Terminada esta visita subimos por otra pequeña escalera y salimos de nuevo a la calle.
Era el momento de entrar en la ciudad vieja de Jerusalem, nos acercamos a la puerta de Sión, una puerta sobre la muralla plagada de muestras de balazos y que forma un ángulo recto hacia la izquierda para entrar en la ciudad.


Estábamos en el límite entre el barrio armenio y el judío, bordeando la muralla fuimos descendiendo hasta adentrarnos de pleno en el barrio judío, aprovechamos para comprar pan ya que llevábamos cuatro días en Israel y no habíamos hecho más que comer matzá, se trataba de simit, un pan típicamente turco con forma de rosca con semillas de sésamo por encima, lo repartimos entre todos y nos dirigimos hacía el antiguo cardo romano, donde la mayoría de las tiendas estaban cerradas, desde allí por un escalera metálica ascendimos hasta los tejados del barrio judío, desde nuestra posición se observaba la cúpula dorada del Domo de la Roca, las cúpulas grises de la Iglesia del Santo Sepulcro y se podían distinguir los tejados de teja roja del barrio cristiano, las cúpulas del barrio musulmán, las cubiertas planas del judío y el desorden del armenio.

Descendimos de los tejados y paseamos por callejuelas muy estrechas hasta un mirador del muro de las lamentaciones, muro que contra la creencia general no pertenecía al antiguo templo de Jerusalem sino que fue construido como soporte occidental de la explanada de las mezquitas,


una vez contemplado desde la distancia, era el momento de acceder a él, pasamos por un arco detector de metales, nos revisaron las mochilas y ya estábamos en la explanada del muro. La parte derecha del muro está reservado para las mujeres y la izquierda para los hombres. Para acceder a él es preciso que los hombres lleven la cabeza cubierta, bien con gorras o sombreros o con una kipá de tela blanca que puedes coger desde un mostrador ubicado a la entrada. El muro estaba repleto de judíos ultraortodoxos vestidos de negro y que lucen en sus sienes esos tirabuzones tan característicos llamados peies y que tienen su sentido en este mandato de los 613 que Dios ordenó a Israel: "No cortaréis circularmente los extremos de vuestras cabezas, y no estropearás la punta de tu barba." (Vaikrá/Levítico 19:27)
Erróneamente durante el viaje nos estuvimos refiriéndo a ellos como “tafilines”, cuando el término correcto es tefilines, voz hebrea para filacterias, cajitas de cuero con correas que se colocan en la cabeza y en el brazo izquierdo y que contienen pasajes de la ley judía y que obviamente nada tienen que ver con el pelo. Llevan sombreros negros de diferentes tamaños o sombreros circulares de piel llamados shtreimel, y para la oración cubren su cuerpo con un manto sagrado blanco con rayas azules o negras llamado talit.

Nos acercamos al muro y después de introducir nuestra petición escrita en un papelito y depositarla entre las rendijas del muro

accedimos a la izquierda del muro donde se encuentra la sinagoga y donde a través de una trampilla de cristal se puede ver la profundidad real del muro que es por lo menos tanta como la que está descubierta encima de la explanada. En la sinagoga, grupos de judíos oran alrededor de atriles con la Torah, leen en solitario en sillas repartidas por la estancia o dormitan apoyados en pequeños atriles individuales, damos una vuelta por ella y salimos a la hora convenida para continuar la visita por la ciudad.

Atravesamos un túnel repleto de agentes antidisturbios de policía preparados para actuar en caso de necesidad y salimos de la explanada hacia el barrio musulmán y seguimos por el zoco hacia la Iglesia del Santo Sepulcro.

La Basílica del Santo Sepulcro está administrada por varias iglesias que conviven gracias a un Status Quo de los Lugares Sagrados firmado en 1852, estas comunidades son la griega ortodoxa, armenia ortodoxa, católica romana, egipcia copta, etiope ortodoxa y siria ortodoxa. En la fachada de la iglesia existe una escalera de madera desde hace más de 120 años y que no ha sido retirada porque no ha sido posible poner de acuerdo a todas estas comunidades eclesiásticas.

Una vez dentro de la basílica ascendimos al Gólgota,

lo que debería ser un monte donde Jesús fue crucificado ha quedado dentro de la iglesia y es tan sencillo ascender a él como subir un piso, de nuevo cuestiones de fe sin explicación; allá arriba hay una capilla de los religiosos armenios y otra de los ortodoxos griegos, la gente pasa a visitarlas y besan la zona donde debió ser crucificado Jesús, descendemos y nos encontramos con la piedra donde fue perfumado el cuerpo de Cristo y envuelto en el sudario, la gente pasa por esa piedra todo tipo de prendas, rosarios y recuerdos.

Damos una vuelta por la iglesia observando las diferentes características de cada una de las religiones que administran el santo sepulcro y descendemos a la gruta donde está la capilla de Santa Helena, que según se cuenta es la que encontró la cruz y la lápida de Jesús.

Ascendemos desde la gruta y salimos al exterior para seguir por el barrio cristiano hasta la puerta de Jaffa, donde nos esperaba Dudu y su autobús, salimos hacia el monte de los olivos y allí en la parte palestina de la ciudad llegamos hasta el hotel 7 acres que en su día perteneció al rey Hussein de Jordania y que era considerado como el mejor de los hoteles de Jerusalem, ahora ha perdido mucho y prácticamente lo mejor que tiene es la vista de la ciudad. Entramos en el hotel y el propio que había confirmado nuestra reserva había desaparecido y nadie tenía constancia de nuestra llegada para comer, tuvimos que esperar unos veinte minutos y por fin entramos a comer, de nuevo las típicas ensaladas, carne mechada y dulces para postre, aquí tuvimos suerte y nos sirvieron pan de pita para empujar y también pudimos acompañar con el simit que guardábamos desde la panadería del barrio judío. Para concluir café y polémica con el maitre que pretendía cobrar varias veces las mismas consumiciones, después de un rato de discusión salimos y nos pudimos hacer una foto de todo el grupo con Jerusalem a la espalda.

Descendimos desde el hotel atravesando el cementerio judío donde observamos que las lápidas no tienen flores y en cambio si piedras encima que son depositadas por cada una de las oraciones que la gente reza por el ocupante de aquella lápida, seguimos bajando y llegamos a la capilla franciscana de Dominus Flevit, con su cubierta en forma de gota por las lágrimas que Jesús derramó por la ciudad, varias fotos de la cruz del altar sobre la cúpula dorada, también pudimos ver una necrópolis, una gruta con sus osarios en forma de pequeñas arcas y también la iglesia ortodoxa rusa de Santa María Magdalena con su cúpulas doradas, desde allí seguimos descendiente hasta llegar al huerto de Getsemaní donde paseamos entre los olivos que dan nombre al monte y visitamos la Basílica de la Agonía o Iglesia de Todas las Naciones,

llamada así porque fue construida con fondos de 12 países diferentes que aparecen representados en las 12 cúpulas de la iglesia, delante del altar hay una gran roca donde Jesús oró y sufrió antes de ser capturado.
Salimos de esta iglesia y nos dirigimos hacia la iglesia ortodoxa de la Asunción y la Tumba de la Virgen María donde se encuentra el sepulcro de la virgen, atravesamos la puerta descendemos una gran escalinata oscura de 48 escalones para llegar hasta una cripta de la época de los cruzados y que ahora es una típica iglesia ortodoxa, con innumerables lámparas de aceite colgadas del techo y bastantes manchas de humedad y humo en paredes y techos, hacemos cola para visitar la tumba de la virgen, una pequeña puerta que nos obliga a pasar agachados dentro de la tumba, salimos por otra puerta igual de pequeña y damos una vuelta por la iglesia observando las características de los iconos pintados en las paredes.
Salimos y damos por concluida la visita diaria, unos decidimos utilizar el autobús para volver al hotel mientras que otros deciden aprovechar para volver a pie y poder visitar más cosas.
Llegamos al hotel, dejamos las mochilas y nos fuimos rápidamente hasta la Basílica del Santo Sepulcro para intentar acceder hasta la lápida de Jesús, atravesamos el zoco a toda velocidad y llegamos hasta la cola de entrada al Santo Sepulcro, después de 20 minutos parados y sin haber avanzado ni 2 metros decidimos que era el momento de volver al hotel porque debíamos cambiarnos de ropa y acicalarnos adecuadamente para la cena de gala en el American Colony Hotel.
Llegamos al hotel, ducha y cambio de ropa y a las 20:15 estábamos casi todos en el hall.

Una vez en el lobby debía esconder en mi chaqueta una carpeta negra tamaño folio que debía quedar oculta a los ojos del resto de la expedición hasta el momento adecuado, intentando no mostrar en ningún momento actitud sospechosa llegamos al American Colony Hotel, atravesamos la recepción y tomamos dirección al salón Pasha, subimos una tramada de escaleras y llegamos al salón donde ya esperaban algunos de nuestros amigos. Un amable camarero nos solicita las chaquetas para colgarlas en un perchero y ¡oh, maldición!, se iba a descubrir la sorpresa de mi carpeta, rápidamente se la entrego a Domingo para que la oculte en su chaqueta que no iba a dejar en el guardarropa, pasamos al salón y nos sentamos en cinco mesas de 8 comensales cada una. Comienza la cena que se componía de pan de aceitunas o sésamo, unos entrantes de trigueros con jamón, cecina, ensaladas variadas, tomates cherry y croquetas y como segundos berenjenas rellenas y calabacín rellenos, salmón en salsa, guisado de ternera, pollo asado y patatas asadas y como postre dulce caliente de queso fundido con calabaza, una copa de postre típico de leche llamado muhallabiyeh, dulces de pistacho y frutas en almíbar
Llegando a los cafés era “el momento de la carpeta”, Domingo se giró y la cogió del alfeizar de la ventana que le había servido de improvisada estantería, se puso en pie y explicó el contenido de aquellos certificados de participación en el viaje a Tierra Santa que se iban a repartir a todos los miembros de la Encomienda y a todas las beguinas.
Mi primera mirada fue dirigida a Amado para comprobar la cara que se le quedaba cuando Domingo exponía y la expresión cuando por nuestras cabezas pasaba su comentario en San Juan de Acre, me miró, se sonrió y no tuve más remedio que decirle entre risas “Esa boquita te ha de perder”, comenzó a reír en una mezcla de sorpresa y alegría por el momento y de “¡qué buena ocasión perdí para estar callado! por el pasado. La Superiora de las Beguinas con un elegante vestido negro y el Maestre con un no menos elegante pantalón negro y camisa gris de rayas fueron entregando alternativamente el certificado a templarios/hospitalarios y beguinas.

Todos ya con nuestro certificado, toma la palabra Eric y en compañía de Carlos nos hizo entrega a todos los componentes de la expedición de un certificado de peregrino a Jerusalem firmado por el Ministro de Turismo de Israel y por el Alcalde de Jerusalem.

Terminada la tertulia posterior nos retiramos a nuestro hotel.

VIAJE A TIERRA SANTA (Día 4, Acre)

Día 4, Acre (Lunes, 29 de Marzo de 2010)
Día de traslado, dejamos Tiberiades y nos dirigimos a Jerusalem. Toca terminar de preparar las maletas para dejarlas en la puerta de la habitación y que “los duendes” las bajen al lobby del hotel. Desayunamos y cada uno comprueba que está su maleta y que cada maleta entra al autobús, una vez comprobado esto subimos al autobús, tenemos comprobado que nosotros y nuestro equipaje llevaremos el mismo destino. Iniciamos el ascenso desde la orilla del mar de Galilea atravesando la ciudad y parando frente a los “cuernos de Hittin” lugar donde Saladino arrasó a las tropas cruzadas en la batalla del mismo nombre, haciéndose con la Veracruz y llevándola a Damasco donde se pierde su pista.

Tristes por recordar aquellos ingratos episodios y porque la realidad nos había mostrado una pequeña colina en forma de silla de montar en lugar de un escarpado desfiladero, seguimos nuestro recorrido hasta Akko, Acre en español y bautizada como San Juan de Acre después de las cruzadas. El autobús nos dejó en un parking nuevo a las puertas de la ciudadela hospitalaria. Lo primero que hicimos fue visitar una tienda de souvenirs que nos ofrecía un 20% de descuento en todos los productos. Aprovechando que era el día de la pascua judía el guía tomó de una estantería un plato pascual llamado Keará con 6 huecos y nos explicó los ingredientes que se ponían en cada uno de ellos y su significado, pierna de pollo, huevo duro, hierbas amargas, pasta dulce, apio y lechuga amarga.

Salimos de la tienda y nos adentramos en la ciudadela, hicimos una parada en los jardines encantados mientras el guía sacaba las entradas y algunos visitaban los servicios. Allí estábamos cuando Eric se me acerca y cogiéndome por el hombro me dice, “si me llegáis a nombrar hospitalario aquí, me cago por las patas”, yo sonrío y omito cualquier comentario.


Accedemos al recinto amurallado deteniéndonos en el patio de entrada (1), allí el guía nos dio una pequeña explicación sobre la historia de Acre y de lo que íbamos a encontrar dentro, pasamos por debajo de arco y entramos en el hall de la edificación (2), prácticamente toda la ciudadela se encuentra actualmente en restauración y quedan patentes los trabajos en muchos de los elementos de la construcción, se oyen algunos comentarios sobre la calidad de la restauración y llegamos a la sala de los caballeros (3) una gran estancia porticada donde los caballeros vivían dormían y que incluso se utilizaba como hospital de peregrinos. Boquiabiertos por la emoción de la historia más que por la propia grandeza de la estancia pululábamos de un lado a otro haciendo un sinfín de fotografías. ¡Ha llegado el momento de llevar a cabo nuestro plan!, me dirijo a Domingo, le comentó lo que me había dicho Eric en los jardines y entre sonrisas le entrego un pergamino. El Maestre llama al turcopolier para que identifique al candidato y el resto nos ubicamos en círculo alrededor de la escena, como tantas otras veces hemos hecho pero envueltos de un sentimiento especial por lo particular del entorno.

El Maestre hace referencia a la pérdida del pergamino original de Eric en Teruel durante las Bodas de Isabel y se le entrega otro por el que se le nombra hermano de la Encomienda. Eric recibe el documento de manos del Maestre, inmortalizamos la escena con una foto de la encomienda y otra del beguinato y continuamos la visita.


He de reconocer que el momento me emocionó casi tanto como el abrazo que Eric me dio después, un abrazo de sorpresa, agradecimiento y emoción. Salíamos de la sala de los caballeros cuando Amado se dirige a mí y me dice “Podías haber preparado un pergamino para cada uno, ¡hubiera sido la leche!”, sonrisas y alguna broma por mi parte sobre el precio del certificado y lo que estaba dispuesto él a pagar por uno. En esas estábamos cuando salimos a un patio exterior (4) que nos llevaría al receptorio (5), una sala rectangular con tres columnas circulares en el centro, desde allí accedimos a unas escaleras que nos conducirían hasta el pasadizo subterráneo (6), en fila de a uno y con algún susto más de los deseables gracias a las bromas de alguno llegamos a la cripta (7). Terminamos nuestra visita a la ciudadela saliendo al bazar turco y de allí al casco antiguo de la ciudad. Caminando llegamos hasta el albergue de peregrinos llamado Khan el-Umdan, se trata de un edificio de planta cuadrada de dos pisos, el inferior mucho más alto para alojar caballerías y camellos y el superior más bajo únicamente para personas. La puerta principal cerrada con una reja presenta en el dintel el escudo del sultán que ordenó su construcción,

desde ella se observa el patio interior aporticado que servía de mercado para los productos llegados al puerto.


Damos un rodeo para entrar al patio por la puerta trasera y poder observar la torre del reloj con dos relojes uno que originariamente marcaba la hora local y otro la hora de Damasco y que dispone en su reloj interior simbología hebrea en lugar de numeración árabe.


Seguimos por las callejuelas y llegamos a la entrada del Túnel de los templarios que lleva desde diferentes puntos de la fortaleza hasta el puerto y que debía servir como elemento de huída.

No acabo de entender como una fortaleza hospitalaria tiene un túnel que es conocido como túnel de los templarios, pero así lo pone en los carteles.


Llegamos al puerto y aprovechamos para tomar un zumo de frutas recién exprimidas en un puesto ambulante, caminamos un poco y llegamos al autobús donde encontramos a Dudu esperándonos. Emprendemos viaje hacia la ciudad próxima de Haifa, que posee una importante industria petrolífera y química, la bordeamos en dirección al Monte Carmelo donde comeremos en una aldea drusa.


Llegamos al restaurante y nos repartimos en las mesas preparadas, nos sacan col, zanahoria, hummus, salsa de tomate, pimientos, pepinillos picantes y lechuga todo acompañado con pan de pita, a continuación nos sirven unas bandejas de arroz blanco con pollo y canela y más pan de pita. Para terminar nos sacan unos rollitos dulces de pistacho y café. Montamos en el autobús y salimos dirección sur hacia Tel-Aviv y una vez allí dirección este hacia Jerusalem. Llegamos al hotel entorno a las 5 de la tarde, la mayoría al Leonardo Hotel

y unos pocos al American Colony.
Recogemos las maletas, nos asignan las habitaciones, subimos a deshacer las maletas y quedamos para dar una vuelta por Jerusalem todos juntos. Nos acercamos a la cuidad vieja y entramos en ella por la puerta de Damasco,

nos encontramos con el zoco y como era de esperar la expedición de 33 se rompió en multitud de grupúsculos que deambularon por el zoco, unos visitaron la iglesia del Santo Sepulcro, otros el Muro de las Lamentaciones, otros compraron y otros simplemente pasearon. A las 8 estábamos convocados en el restaurante del hotel para cenar. Era la noche de la cena pascual judía y el restaurante estaba dividido en dos estancias una para la cena normal de los huéspedes del hotel y otra para aquellos que celebraban la pascua con todos los ritos que exige tal celebración. Allí estábamos cuando vimos aparecer en el restaurante a Sonia y Alberto que habían llegado por la tarde y no habían podido contactar con nadie de la expedición, saludos, abrazos, besos y sonrisas y por fin teníamos completo el grupo, ya éramos 35 Después de cenar pedimos a Eric consejo para ir a tomar una cerveza y nos indicó un bar llamado Buda, seguimos sus instrucciones y después de preguntar a unos viandantes nos dijeron que ese bar nunca había existido en Jerusalem, pero que cerca había otro en el que nos darían cerveza. Lo encontramos se llama Gossip y entramos, se trata de un bar palestino con paredes de piedra y tejado de planchas de policarbonato traslúcido disimuladas con celosías de jardín que permitían una ventilación muy adecuada del local, en una de sus paredes unas estanterías con no menos de 15 pipas de agua, azules, rojas o verdes dependiendo del tamaño

Rápidamente, el propietario se presta a montarnos una mesa larga para todos pero preferimos estar en la barra, se dirige a dos personas que fumaban allí y amablemente los reubica en otro lugar. Empezamos a dejar nuestras cervezas, cubatas y el plato con cacahuetes, pepinillos y tramusos con cardamomo en una mesa alta del centro del bar, el avispado camarero se percata de que esa mesa nos resulta pequeña y nos junta otra, empezamos a utilizar taburetes altos y rápidamente uno de los clientes se levanta para dejar su sitio a Charo que había quedado de pie. Abrumados por tanta amabilidad, salimos del bar con la certeza de que no será la última vez que lo visitemos.

miércoles, 14 de abril de 2010

VIAJE A TIERRA SANTA (Día 3, Golán, Qalat Nimrod)

Día 3, Golán, Qalat Nimrod (Domingo, 28 de Marzo de 2010)

Comenzamos un poco más tarde que el día anterior ya que la hora de partida eran las 8:30h, el guía dijo que era porque el día anterior nos habíamos portado bien, yo creo que pretendía evitar otro retraso.
El mismo ritual del día anterior y en el desayuno una novedad, leche caliente, ya no era Shabbat y se podía calentar, fruta, huevos, salchichas y pan ácimo matzá.
Embarcamos en el autobús y nos dirigimos hacia el norte, pretendemos visitar las “alturas” del Golan y la tierra conquistada por Israel a Siria en la guerra de los 6 días. Durante todo el recorrido por esa zona nos acompañan unos carteles amarillos con un emblema en rojo colocados en la valla que discurre paralela a la carrera, se trata de una advertencia de la existencia de minas en el monte.

Ascendemos hasta un mirador desde el que se puede observar la demolida ciudad Siria de Kuneitra y también la franja de tierra de nadie gestionada por soldados de la ONU que separa ambos países.

En ese mirador se encuentran dos drusos, uno de ellos el más joven nos ofrece una bebida típica drusa que parece leche merengada llamada shajalab, hecha a base de leche, pistachos, canela, grosella, etc, el de mayor edad, vestido de negro con un pantalón con el tiro muy bajo, bigote, cabeza rapada y un turbante blanco, indumentaria propia de los religiosos drusos, nos vende frutos secos y dulces típicos drusos.
Reemprendemos la marcha atravesando varios cuarteles del ejército israelí hasta que ascendemos al parque arqueológico de Bental donde visitaremos un bunker sirio que fue conquistado y convertido en israelí y que ahora está siendo utilizado para explotación turística.



Entramos por los túneles, trincheras e incluso los puestos de artillería del bunker y aprovechamos para tomar un café ya que la temperatura a esa altitud era bastante baja.
Abandonamos el parque de Bental y comenzamos a descender hasta el parque natural de Banias, pronunciación árabe de Panias, santuario del dios Pan, y donde se encuentra la cascada del río Hermon que junto con el río Dan desembocarán en el río Jordán.

Hacemos un paseo por el parque hasta que llegamos a la base de la cascada, después de diferentes fotos regresamos al autobús para continuar nuestra marcha hasta el kibbutz hagoshrim donde comeríamos. Llegamos al kibbutz y cuando teníamos la comida a la vista, Eric soliviantado hace venir al responsable para preguntar por qué no comeremos en el salón que él había reservado, aparece una señora regordeta que le da las correspondientes explicaciones que no le convencen pero que tiene que aceptar, nos aposentamos en otro comedor próximo a las bandejas de comida del buffet, comenzamos a desfilar a por diferentes platos.
Concluimos con un café en la barra y rápidamente al autobús para partir hacia la fortaleza de Qalat Minrod. Ascendemos desde el valle hasta la cima de la montaña donde se ubica la fortaleza a unos 800 metros sobre el nivel del mar.


En la puerta de entrada que vigila el valle del jordán y con los altos del golán al frente, observamos la aguja, puerta pequeña para paso de personal a pie, la sabbala, pequeña fuentecilla ubicada en el exterior del castillo para aplacar la sed de aquel que encontrará la puerta cerrada y la estrecha ranura entre los arcos de la entrada donde se alojaba el rastrillo.
Accedemos al interior de la fortaleza, se trata de un edificio escasamente restaurado, tan solo se han retirado escombros y se han colocado barandillas haciendo relativamente segura la visita por libre. Paseamos por todos los rincones del castillo, visitamos los aljibes labrados en la piedra descendiendo por una escalera de piedra, el gran torreón que podría utilizarse como calabozo y como punto de vigilancia de la parte posterior, hacia el Monte Hermon, descendimos por dos estrechas y oscuras escaleras de caracol que nos llevaron hasta dos puntos de observación y defensivos en pisos diferentes dentro de los torreones. Observamos una monumental inscripción en árabe labrada en piedra. Entramos en la capilla, una sala de planta octogonal con una gran columna en el centro. Visitamos varias salas abovedadas con arco cruzado que nos hacían sentirnos verdaderos caballeros medievales defendiendo esa posición frente al infiel. Y para terminar recorrimos el pasadizo secreto, una gran escalera de caracol que llevaba a la parte exterior de la muralla y que debía servir como escapatoria en caso de asalto.

Terminada esta visita volvimos al autobús y regresamos a Tiberiades.

El autobús cambió el itinerario de entrada a la ciudad abandonando las calles habituales y adentrándose en el barrio judío ultraortodoxo, fachadas bastante descuidadas y camisas blancas y pantalones negros tendidos en muchas ventanas. En autobús se detiene en una nave industrial con el mismo aspecto desaliñado, tejado de fibrocemento bastante destartalado y desconchones en las fachadas, descendemos del autobús para visitar la joyería Caprice,

un centro importante de tallado y pulido de diamantes, nos recibe Herb, de aspecto alemán aunque hablando un perfecto español, nos explica el proceso de extracción del diamante y las diferentes formas de tallado y pasamos a ver un video explicativo de todo el proceso, concluido éste pasamos a la sala de exposición donde se muestran todas las piezas a la venta e incluso se puede observar a varios trabajadores engarzando un anillo o tallando alguna piedra.
Las señoras “degustaron” aquellas vistas, y una vez terminada la visita y como quiera que el hotel estaba relativamente cerca algunos miembros de la expedición decidimos ir a pie aprovechando para ver algunos escaparates o tomar algunas cervezas, el resto en autobús hasta el hotel. Cuando pasábamos cerca del Bar Big Ben, el camarero nos hace señales al grito de "Macabee" para que nos sentáramos en la terraza, accedemos a la Macabee pero preferimos en la barra dentro del bar, habían cambiado a la camarera, la "rusa" había dejado paso a una morena de aspecto más mediterráneo y mucho más simpática que nos sirvió las cervezas y rápidamente pinchó unas piezas en español, acabadas las cervezas frías decidimos volver al hotel para cenar.

Después de cenar, salimos a pasear por un mercadillo próximo al hotel, algunos volvieron a The Scots y otros regresamos al Big Ben a por otras Maccabee y a escuchar más música en español.

lunes, 12 de abril de 2010

VIAJE A TIERRA SANTA (Día 2, Galilea)

Día 2, Galilea (Sábado, 27 de Marzo de 2010)

Amanecía el día a las 6:45, para ser exactos a esa hora nos levantamos ya que es sol tardó unos 10 minutos en aparecer por encima del Mar de Galilea, ducha y aseo para bajar a desayunar entorno a las 7:15, ensaladas, dulces y huevos en sus distintas versiones acompañados de un pan ácimo plano en forma cuadrada llamado matzá que se comerá durante toda la pascua.

A las 8:00 casi todos en el autobús, primer día y primeros retrasos, quince minutos más tarde poníamos rumbo al sur para llegar al castillo hospitalario de Belvoir, en hebreo Kokhav HaYarden, estrella del Jordán.

Paseamos por sus patios, atravesamos sus arcos, nos metimos en el aljibe donde algún gracioso cerró la verja de la entrada y colocó la cadena atrancándola en las piedras dando la sensación de que por error nos había encerrado allí, ya fuera de la cisterna visitamos las cocinas, y el resto de las dependencias e incluso bajamos al foso por un estrecho pasadizo escalonado.

Concluida la visita al castillo pusimos rumbo hacia el parque arqueológico de Bet Shean, llamada también Decapolis,

donde pudimos observar los restos de una ciudad romana, su cardo o calle principal donde se desarrollaba toda la actividad comercial de la ciudad, los baños públicos, con sus tres salas fría, templada y cálida donde observamos el sistema de calefacción utilizado y unos dibujos donde se explicaban las actividades a realizar dentro de ese edificio. Continuamos el paseo observando los efectos del terremoto que destruyó la mayoría de las construcciones percatándonos de que todas las columnas y arcos habían caído en la misma posición y con el mismo ángulo respecto su ubicación original, llegamos hasta las letrinas públicas, una gran sala con piedras que sobresalen de las paredes donde encajar las posaderas y una canal de agua corriente por debajo para trasportar los residuos hasta un depósito. Cerca de éstas, se encuentra el teatro con dos andanadas de asientos y capacidad para unas trescientas personas, el escenario dispone de un foso para la desaparición y/o aparición de los actores durante la obra. Gerardo se sube hasta la última fila de la primera andanada para comprobar la sonoridad y colocándonos cuatro de nosotros encima del escenario comenzamos con frases sueltas de uno de nuestros capítulos, “que no quiero que pienses que…” “que piense ¿qué?” “¿Quién sois vos para interrumpir el capítulo?” “solo un necio o un insensato no percibiría…” “Hermano ingresar en la orden es causa de rigores ...” . Entre risas y aplausos de los espectadores salimos del teatro.


Para concluir café solo o coca-cola, recuerdo que estamos en Sabbath y en Pesaj, no leche caliente, no cerveza.
Montados en el autobús era el momento de dar cuenta de aquellos bocatas que preparamos en Barajas y de las bandejas de embutido que nos habían sobrado.
Llegamos hasta el kibbutz de Ein Gev en las orillas del Mar de Galilea para surcar sus aguas a bordo de un barco, que si no fuera porque iba a motor podría ser el mismo que usaron los discípulos de Jesús para pescar.

Tras la navegación, comida del típico pez de San Pedro acompañado de col, zanahoria, pimiento, lechuga, salsa de tomate picante y hummus. Helado de fresa para concluir y café solo.
Seguimos bordeando el mar de galilea para llegar a la ciudad de Capernaum, cuidad en la que vivió Jesús y que en la actualidad está administrada por los padres franciscanos, visitamos la sinagoga en la que predicó Jesús, vimos los restos de las casas de piedra de la aldea y la casa de la suegra de Pedro, sobre la que se encuentra la iglesia de los franciscanos a través de cuyo suelo de cristal se aprecia “la ínsula”.

Regreso al hotel para la cena.
Después de cenar y considerando que ya se veían más de tres estrellas, habíamos cambiado de día, el Sabbath había concluido, eran las 11 de la noche y los comercios empezaban a abrir, levantaban persianas y sacaban muestrarios a la calle.
Encontramos un bar, llamado Big Ben,



con una joven camarera de aspecto ruso y fría y distante como si lo fuera, que nos servía cerveza y allí nos aposentamos a degustar varias Maccabee, hubo quien, sin sospechar la falta de cultura cervecil de aquella joven, la pidió con limón, y la jovén se fue para la cocina y sacó un platito de café con media docenita de rodajas de limón perfectamente dispuestas en forma de abanico. Risas por doquier y al final macabee cual coronita.

domingo, 11 de abril de 2010

VIAJE A TIERRA SANTA (Día 1, Tiberiades)

Esta es la crónica de lo que yo viví de todo lo que sucedió en el viaje a Tierra Santa. Podrían existir otras 34 versiones del mismo viaje, tantas como personas lo disfrutamos e incluso algunas estarían, con total seguridad, mejor documentadas porque, no en vano, hubo gente que tomó muchas notas durante todo el viaje, pero a mí me gusta más tirar de recuerdos y contar así mi versión.

Día 1 TIBERIADES (Viernes, 26 de Marzo de 2010)

Faltaban 10 minutos para las tres de la mañana del viernes 26 de marzo cuando llegábamos al lugar de convocatoria desde el que debería partir nuestro autobús, poco a poco fueron arribando el resto de los integrantes de la expedición hasta que completamos el número de 22.
Entre saludos, risas, bromas y bostezos, unos por la trasnochada y otros por el madrugón, fuimos alojando nuestro equipaje en la bodega del autobús y acomodando nuestros somnolientos cuerpos en las butacas.
Pasaban unos 15 minutos de las tres cuando comenzamos el viaje desde Teruel que nos llevaría al aeropuerto de Madrid.
Sobre las 6 y media de la mañana llegábamos a la puerta de la T4 en Barajas.
Recogimos nuestro equipaje del autobús y nos dirigimos a la fila que nos debería llevar al mostrador de facturación, en ella se nos incorporaron Gerardo y Mª José, que venían desde Zaragoza.
Ya en los mostradores de facturación, lo típico, un bulto que pesa más de lo permitido y hay que desmontarlo para repartirlo en otros, esto no lo facturo que lo llevo en la mano o esto no lo vamos a pasar que es para almorzar ahora. El azafato del mostrador nos comenta que hemos tenido mucha suerte por conseguir billetes para todos porque hay 6 personas en overbooking, nos comenta el recorrido y los pasos a seguir hasta embarcar.
Tras facturar y para hacer tiempo, parada técnica para ir al baño y desayunar, mistela con pastas, bueno, para ser exactos moscatel con cruasanes.
De allí a pasar por el control de seguridad, tras una serpenteante cola nos dan bandejitas de diferentes colores en las que había que depositar bolsos, mochilas y demás objetos metálicos para pasar por el scanner; sin cinturón, sin reloj, sin móvil, sin monedas y algunos sin zapatos a pasar por el arco detector, la mayoría pasamos sin problemas, uno, Amado, elegido al azar fue cacheado y otro, Pepe, que llevaba el almuerzo, fue mirado con envidia por el guardia cuando vio el jamón y el queso en la pantalla.
Varias vueltas de escaleras mecánicas, en vez de tomar el ascensor como ha dicho el azafato, hasta llegar al tren que nos llevaría a la T4S, control de pasaportes y a esperar a que nos asignaran puerta para el embarque.
Para hacer la espera más amena, sacamos el pan, el jamón, el queso y el chorizo y nos dispusimos a almorzar. Después de “ponernos hasta las trancas” todavía nos quedaba material para repartir a unos desconocidos pasajeros, que también viajaban a Israel, e incluso para preparar unos bocatas que guardaremos para mejor ocasión.
Aparece en los paneles nuestra puerta de embarque S26, y la hora de embarque 9:45, allá que fuimos y nos encontramos con el resto de la expedición, ya éramos 33, todavía faltaban Alberto y Sonia que se incorporarían el lunes.
Llaman a embarque a las últimas filas y allá que vamos, atravesamos la manga y cuando llegamos al avión observamos por una rendija a nuestra izquierda al piloto manipular un aparato electrónico con un tenedor, mala espina nos dio, pero esa pequeñez no podía arruinar un viaje de un año de preparación, ya no era posible la marcha atrás así que allá que fuimos, se trataba de un Airbus A-319 con dos filas de tres asientos,

nos ubicamos en nuestros asientos desperdigados por todo el avión. Ángel consigue entrar en su asiento encajado entre las dos filas y la ventanilla, a su lado Visi y al lado de ésta asiento libre, entra gente y el asiento no se ocupa, todos sabemos que al final llegará su ocupante, porque ya nos han dicho que hay overbooking y por tanto el avión irá lleno, vemos acercarse un joven con una desaliñada melena pelirroja, barba y bermudas que apenas cabía por el pasillo, calculo que 1’70 de altura y unos 140 kilos de peso, se para frente a la fila de Visi, sonríe de mala gana y se encaja en su asiento aplastándola literalmente contra Ángel, con las consiguientes risotadas del resto de la expedición.
Despegamos, saludos del comandante anunciando la duración del vuelo, la hora de llegada y el tiempo en Tel-Aviv, una vez alcanzada la altitud y velocidad de crucero, las azafatas reparten el almuerzo, una bandejita con una tarjetita en varios idiomas advirtiendo de que aquella comida no contenía carne de cerdo y varios recipientes uno de ensalada, otro de pechuga y un tercero con cake para el postre, refrescos, agua o vino y para concluir café o té. Los más listos algunos cubatas para pasar el rato. Tal era el desmadre en el avión que después de varias advertencias por parte de las azafatas, bastante secas por cierto, el piloto tuvo que solicitar por megafonía que nos sentáramos y nos abrocháramos el cinturón porque había turbulencias, turbulencias que, realmente, nunca llegaron.
Sobre las 16:40, hora local, llegábamos al aeropuerto internacional de Ben Gurion en Tel-Aviv,


Sellado de pasaportes, recogida de equipajes y reunión de toda la expedición para salir de la zona de llegadas donde una señorita nos esperaba con un cartel que identificaba nuestro viaje, todos con ella salimos hacía el autobús donde nos esperaban Dudu el conductor y Ricky el guía.
Presentaciones y salida hacia Tiberiades, una de las cuatro ciudades santas del judaísmo junto con Jerusalem, Hebrón y Safed.
Por el camino primeras explicaciones de las características del país, de la comida, de los comportamientos particulares en determinados lugares y entrega de la documentación del viaje y de una gorrita blanca y azul que debería identificarnos como grupo, gorrita que fue escasamente utilizada por alguno de los miembros del grupo y nada por la mayoría.
Llegábamos a Tiberiades, a unos 200 metros bajo el nivel del mar, concretamente al hotel Sheraton, ahora llamado Leonardo Plaza Hotel,

cuando ya habían salido más de tres estrellas, símbolo que los judíos utilizan para el cambio de día y por tanto acababa de empezar el Sabbath y por si fuera poco estábamos en el Pesaj (la pascua judía), nos repartieron las habitaciones, e inmediatamente a cenar. Entre otras particularidades durante el Sabbath, los judíos no pueden tocar nada que suponga creación y por ello en los hoteles existe un ascensor, perfectamente identificado, que está continuamente de arriba para abajo y que sin pulsar ningún botón se detiene en todos los pisos.


Otra particularidad del Sabbath es que no puede haber leche y carne en la misma comida, y en el pesaj no se puede consumir nada que haya fermentado, pan, cerveza, yogur o queso, con estas limitaciones ensaladas de varios tipos, hummus, puré de garbanzos típico de esta zona y que nos acompañaría en todas las comidas y carne de pollo o ternera con patatas asadas o fritas, fruta y pasteles no fermentados, café y té sin leche
Después de cenar y de deshacer las maletas quedamos en el lobby del hotel, muchos de nosotros pasamos por recepción para realizar el cambio de moneda, realmente no era necesario ya que en todos los lugares aceptan euros y dólares aunque la devolución, por norma general, siempre se hace en Shekel, pero como no está de más llevar moneda local decido entregar 20 € para recibir 93,14 חש (nis abreviatura de New Israel Sheckel), después de eso visita a un hotel próximo The Scots,

construido por los escoceses reconstruyendo las casonas coloniales de la época, después de un ligero paseo por sus jardines nos pudimos tomar una cerveza, ron o whisky, y curiosamente aquí no pudimos pagar con euros y tuvimos que hacerlo con la tarjeta de crédito.