lunes, 8 de junio de 2009

Las Alfonsadas de Calatayud

Rondaban las nueve y media de la mañana del sábado cuando, habiendo aparcado mi cabalgadura en las proximidades del campamento y habiéndome pertrechado adecuadamente, me persone en él.
Había poca gente, unos cuantos cuerpos afectados por la falta de sueño y el exceso de bebida de la noche anterior vestidos con unas vestes arlequinadas en negro y granate y sentados en alpacas de paja y enfrente de estos tres personas con mejor aspecto que disponían mesas, bancos, manteles en la puerta de la haima de los señores de Hautpoul y que me invitaron a un vaso de vino dulce y una pieza de fruta, en esas estaba cuando apareció Fadrique, su aspecto también denotaba una larga noche. Estábamos hablando cuando apareció el Gran Inqui rodeado de 6 caballeros hospitalarios de la encomienda francesa de Montflanquin, ¡vaya imagen! sino aterradora por lo menos imponente.
Nos saludamos, hablamos un momento y enseguida se retiraron para desayunar y preparar la batalla.
Habíamos quedado en reunir a toda la encomienda a las diez en la plaza del fuerte, llame a mi Maestre para recibir instrucciones, me indicó que todavía no había llegado a Qalat-Ayub y que ya recibiría órdenes en su momento.
Ante la falta de noticias de mis hermanos hospitalarios y como la comitiva empezaba a formarse para ir al asalto de las torres de las moras, fui presto hasta mi cabalgadura donde me deshice de los ropajes de monje civil y me convertí en monje guerrero. Me incluí en la comitiva, igual que en el Reino de los Cielos, un hospitalario solo entre las tropas que van a la batalla.
Poco a poco el resto de hermanos fue incorporándose y por fin llegamos a la Plaza del Fuerte donde fuimos adecuadamente distribuidos para el inicio de la batalla.


Nuestros tambores marcaban el ritmo del vuelo de las flechas o de las cargas de la infantería.
Apareció el Rey Alfonso I dando por concluida la batalla.
Comenzó el desfile de las tropas, encabezado por el Rey hasta la Iglesia de San Pedro de los Francos donde fueron presentadas las tropas a Alfonso I
Cuando terminó nos reunimos con las beguinas para reponer fuerzas y dimos buena cuenta de cervezas y rebanadas de pan con lomo, con tomate y anchoas, con ensaladilla, con jamón o con queso de cabra con mermelada.
Como se hacía la hora de la comida tuvimos que dejar aquella tarea para acudir al campamento donde nos esperaba una cazuela de garbanzos con congrio que tenía una pinta sensacional, antes de proceder con esos menesteres tuvimos que cumplir con el "ingrato" trabajo de catar el noccino gradus tercius y gradus quintus que nos había preparado nuestro druida, la opinión general fue que el gradus tercius estaba mejor aunque las mujeres que se acercarón al dispensario acordaron que mucho mejor el gradus quintus, más dulcecico.
Comimos y después..., la dispersión, unas beguinas se retiraron a sus aposentos, algunos hospitalarios dormidos en los bancos de la plaza y el resto de la comitiva a la terraza a tomar unos cafés, copas y/o helados.
En determinado momento se abrió la cancela de una tienda que expendía dulces típicos y el maestre y Freire Vicente aparecieron con una bandeja de ellos que según comentaron se llamaban merengues y milhojas, obviamente no dejamos ni los papelillos.
Rondaban las cinco de la tarde y teníamos que acudir a la plaza del olivo donde se iba a desarrollar la paga de la soldada.
Allá que fuimos, nos acercamos a la barra y mientras tomábamos un refrigerio líquido, recibimos una llamada que nos comunicaba una noticia que nos entristeció sobremanera y que no procede incluir en esta crónica. Como era de esperar muchas de las conversaciones del momento giraban entorno a aquella noticia.
Nos llamaron al escenario, nos pagaron nuestros honorarios por la soldada, los juntamos sobre la barra del bar y se reinvirtieron en provisiones líquidas y sólidas.
Se organizó un desfile que nos llevaría hasta San Pedro de los Francos donde se iba a nombrar Caballero de Honor a Pedro Oliva, aquel que ganara Gran Hermano y que participó en la Isla de los Famosos.
Terminó el acto y nos dirigimos hacia la plaza del Olivo, antes de llegar contactaron conmigo Ana y Fran, miembros de la asociación Alfonso I y por tanto organización del evento, nos llevaron a conocer la haima de los judíos de Malvisar, los sesmeros del rio Miedes, donde me regalaron una botella de vino blanco de hielo, los hospitalarios de Munébrega, y la suya propia, siendo perfectamente atendidos en todas ellas.
Fuimos a cenar al campamento, estofado de patatas con carne, y una botella de vino de la zona que nos habían regalado en el pago a las tropas, abandoné a mis hermanos y me fui con el Gran Inqui a tomar un café y a charlar sobre eventos futuros.
Después del espectáculo de las espadas de fuego me despedí de él tomé mi cabalgadura y regresé a mi casa.
El resto de los freires quedaron en la villa, y por eso todo lo que a partir de este momento se cuenta corresponde a hechos vividos y relatados por terceros por lo que no me puedo hacer responsable de su veracidad ni de su exactitud.
Según se cuenta, después de la cena hubo tiempo para tomar unos cafés y debatir un buen rato. Imagino que además de cafés se consumiría algún tipo de bebedizo no tan... angelical.
Algunos se retiraron a sus aposentos y otros aún se dieron una vuelta por el concierto de Lurte.
El domingo, día tranquilo, sin madrugar y un buen almuerzo en "Casa Antonio", para que no ocurriera como el sábado que fuimos a la batalla con el estómago en los pies. Cierto, ¡tremendo error!. Así que después de dar buena cuenta de huevos fritos, jamón, torreznos, torreznos, torreznos, torreznos y torreznos y pan, pan, pan y más pan, nos vino justo para llegar al acto de "Hermanamiento de Lugares" en la Plaza del Olivo. Allí depositamos nuestra tierra roja y el agua, llevadas desde Teruel, para plantar un nuevo olivo junto con todos los grupos participantes en las IV Alfonsadas. Después de vuelta a Teruel sin muchas ganas, ni ganas de comer por razones obvias, ni ganas de volver por lo que disfrutamos, ni ganas de llegar por lo que nos esperaba.

Heridas y cicatrices.

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Debían ser las nueve de la mañana del día 13 de septiembre de 1976, hace casi 33 años, las heridas de la dictadura estaban empezando a cerrarse y las cicatrices iban apareciendo.
Un grupo de muchachos de 8 años entre los que me encontraba yo, esperábamos ansiosos el inicio de un nuevo curso escolar.
En fila delante de la puerta del colegio Las Viñas, vimos aparecer a nuestro nuevo maestro,
¡¡Joder, el Jabalí!!,
probablemente esas no fueron las palabras que salieron de la boca de un niño de 8 años pero si el sentimiento. Era Don Ernesto, su dureza como profesor, su inflexibilidad como educador y la fama de su talante o mejor dicho de la ausencia del mismo le precedía.

Aquel día conocí a Don Ernesto, Don Ernesto de Leonardo.

Empezó el curso y su fama era sólo eso fama, bastante alejada de la realidad, era duro como profesor pero amable en el trato, inflexible como educador pero accesible en el día a día. Recuerdo los partidos de fútbol que "echábamos" en los recreos y su participación en ellos rodeado de mocosos de 8 años, ¡qué grande!, corría más que ninguno, saltaba más que cualquiera y peleaba más que todos, era el más grande.
Recuerdo las batallitas que nos contaba de sus cicatrices y de aquellos tornillos que le habían metido para unir los huesos, ¡qué tío!, ¡qué grande! aquello le confería un ligero status de superhombre entre nosotros, los alumnos.
Terminó aquel curso, pasé al siguiente y cambié de profesor.
Debía ser el mes de abril de 1978, cuando haciendo el animal en los vestuarios del gimnasio del colegio, me hice una espectacular herida en la rodilla, esperé hasta la hora de la comida para que viniera el practicante que debía suturar aquella avería, el "matarife" llegó, preparó el instrumental y allí, a lo vivo, sin anestesia, sin whisky, sin palito en la boca y rodeado por curas y profesores que me sujetaban por todos los sitios, ¡¡me cosió!!.
Con la pierna estirada a casa varios días.
Una tarde sonó el timbre, mi madre abrío la puerta y desde el recibidor me grito "Juan, mira quien ha venido a verte" al momento en el comedor apareció Don Ernesto, Don Ernesto de Leonardo, aquel que fue mi profesor el año anterior y que ya no me daba clase, venía a mi casa a verme a mí, ¡qué, grande!, se sentó en el sillón y me dijo "A ver esa cicatriz", me levanté la gasa y me dijo "Es más grande que las que tengo yo", ¡Joder, tengo una cicatriz más grande que las de Don Ernesto! aquello fue mucho mejor que la aspirina o que la mercromina.
Pasó el tiempo, él dejo la educación y yo seguí con mis estudios, la relación se fue enfriando, pero llegó el mes de noviembre de 1998, Adolfo Barrio me reclutó para "su" grupo de medievales y me citó en el Colegio San Pablo para una reunión, llegué puntual como siempre y allí estaba Don Ernesto, nos saludamos amistosamente como si no hubieran pasado veinte años.
Aquel que antaño me parecía enorme, ahora apenas me llegaba por el hombro, aquel que antaño me parecía fortísimo, ahora pesaba treinta kilos menos que yo, aquel que antaño me parecía un gran señor, ahora seguía siendo un gran tipo, aquel que antaño era Don Ernesto el profesor, ahora iba a ser Ernesto el amigo, ¡qué grande!
Cuando las heridas empezaban a aparecer en el grupo por los problemas entre Raquel y Adolfo, Ernesto nos convocó a una reunión, el grupo se posicionó y salimos adelante todo aquello cicatrizó y llegamos hasta hoy y seguro que seguiremos mucho tiempo.
Durante este tiempo, su situación personal y familiar lo colocó en una encrucijada en la que se ha movido perfectamente aunque no sin esfuerzo, ha sabido nadar entre dos aguas, estar en misa y repicando, en el plato y en las tajadas, estoy seguro que ha sufrido muchas heridas que le habrán dejado importantes cicatrices, mucho más grandes y profundas que esas que exhibía con orgullo en aquellos tiempos en mi colegio.
Heridas y cicatrices que pocas veces mostraba a nadie, no era motivo de alarde sino más bien al contrario. ¡qué grande!
Ayer nos llegó la noticia de su ausencia, me llenó de tristeza su pérdida y aún más todo lo sucedido y que no voy a relatar aquí porque un hombre tan grande no se lo merece.
Cuando vea la cicatriz de mi pierna izquierda recordaré a Don Ernesto el porfesor y a Ernesto el amigo, cuando vea a ciertas personas recordaré la herida problablemente sin cicatrizar de mi corazón.
Ernesto, Don Ernesto, ¡qué grande! ¡qué superhombre!
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lunes, 1 de junio de 2009

Limpieza de la Haima???

Serían las diez de la mañana del sábado cuando Eugenio, apenas levantado y con evidentes muestras de los efectos de las dos noches anteriores apareció en su jardín, miró hacia la puerta y allí vió un coche esperando, miró en su interior y allí estaba Pepe, tranquilamente escuchando la radio.

Poco a poco fuimos llegando y había que organizar el tema del almuerzo, mientras Pepe hacía panceta y huevos fritos comenzamos a preparar la mesa. Lo primero ubicarla en otro lugar menos soleado, platos, vasos y cubiertos y "al ataque". A medida que iban llegando los rezagados se volvía a encender la plancha, se hacían más huevos y más panceta.

Después de almorzar, cafés y un brebaje nuevo que trajo Carlos, tertulia y rápidamente y acosados por el sol tuvimos que levantar el campamento y traladar la mesa a otro lugar a la sombra.

Se abordó el tema principal de la reunión que era la haima, se acordaron las modificaciones a hacer y se concluyó con la solicitud de presupuestos para ellas.

Siendo las dos de la tarde se comenzó con la paella mientras en resto pululábamos por el jardín o tomábamos cerveza o las dos cosas.

Gran paella, tanto por cuantitativa como cualitativamente, es decir por el tamaño y por el sabor.
Felicidades a los cocineros.

Después de comer y aprovechando que caían cuatro gotas nos metimos en casa para ver dos videos sobre Israel que nos había traido Eric.
Comentarios, más comentarios, discursiones, más discursiones, explicaciones, más explicaciones y por fin la conclusión. IREMOS AL VIAJE, no sabemos cuántos pero iremos.

Unos bocatas de lomo con queso y pimientos y a recoger todo.

Por fin cada mochuelo a su olivo y prácticamente terminado el fin de semana.

Nos quedaba el domingo para descansar.

Y se presentaron...

Serían las siete de la tarde del jueves, varias jarras de cerveza habían sido vaciadas en la barra del Plaza cuando un imponente cochazo negro aparcó en la puerta del hotel, de él bajaron Alberto y Eric, gafas oscuras y pequeño equipaje, Alberto, cual caballero templario cargaba un par de libros, Eric cual escudero un bulto negro de un metro de longitud, que bien podría albergar algún tipo de arma, más tarde me enteré que era algo menos misterioso, se trataba del cartel extensible para la presentación del libro.


Saludos y abrazos y tras las primeras bromas, recogieron las llaves de sus habitaciones y subieron para dejar el equipaje, refrescarse un poco y enseguida estuvieron dispuestos para lo que fuera.


Bajo primero Alberto y se marchó con Pepe a la emisora para ultimar unas cosas para el programa del día siguiente. Quedamos en reunirnos todos de nuevo en la Posada del Tozal.


Cuando baje Eric nos dirigimos hacia la posada, tomamos unas cañas y después de que el propietario del local acompañará a Pepe, Alberto y Eric en una visita guiada por las habitaciones cambiamos de local, a uno un poco más actual y con menos "sabor". Entre solo al bar y al acercarme a la barra gran diálogo con la camarera,
- "¿que vas a tomar?", dice ella
- "Cinco cañas y dos con gaseosa", respondo yo
Me mira con ojos de sorpresa y dice
- "Pero, viene alguien más ¿no?"
- "Si", contesto y añado "pero ellos se pedirán lo suyo".


Teníamos la cena convocada sobre las nueve y media y como ya pasaba un poco de esa hora nos fuimos hacia el restaurante Tapas y Copas.

Huevos rotos, morro, ensaladas, chipirones y postres fue el menú a partir de ahí lo típico, chupitos, cubatas y más cubatas, tertulia, batallas y más batallas y de nuevos el tema estrella, el viaje a Tierra Santa.


Serían las cinco de la mañana cuando la mayoría de la reunión se disolvió, algunos aguantaron un poco más.


Sobre las diez, algunos ya estaban dispuestos a almorzar y aunque hubo que hacer un cambio en el local, no fue para peor.


Después de almorzar, visita a la cámara de comercio para comprobar el escenario sobre el terreno y después visita a la radio para una entrevista.


Sobre las dos de la tarde comida en los aljibes, y después algunos a descansar un rato y otros cafés y copas hasta las ocho de la tarde que empezaba el acto de presentación de los libros.



En la Cámara de Comercio y siendo las ocho y cuarto comenzó el acto, un video sobre Venecia, una introducción del Presidente sobre la relación de la encomienda con los escritores y a continuación Alberto presenta el libro de Eric, que toma la palabra, explica anécdotas y detalles sobre el libro y termina con la presentación del libro de Alberto, algunas preguntas y para terminar firma de ejemplares por parte de los dos escritores.



Un acto muy agradable.
Enhorabuena a todos

jueves, 28 de mayo de 2009

EL LABERINTO DE AGUA. ¿ES ESO CIERTO?

Esos son los títulos de los libros que la Encomienda presentará el próximo día 29 en Teruel.

Bueno, realmente nosotros organizamos el acto y los libros serán presentados por sus autores Eric Frattini y Alberto Granados respectivamente.


Alberto Granados, nombrado caballero templario en 2009, y Eric Frattini que será nombrado caballero hospitalario en 2010.


Queda aquí la referencia al acto aparecida en el diario de Teruel
http://www.diariodeteruel.net/ultima.pdf

lunes, 30 de marzo de 2009

DE MADRID A .................. ACRE

Como era de esperar, y aunque la convocatoria para el inicio del viaje era a las 7:00h, emprendimos marcha hacia Madrid cuando pasaban 15 minutos esa hora, en ese momento Florencio, nuestro chófer, dio la orden de subir al autobús, nos dispusimos aleatoriamente, las beguinas comenzaron a ocupar puestos delanteros mientras que nosotros nos ubicábamos en la incómoda parte trasera.

El microbús arrancó y antes de llegar a la autovía empezamos a dar cuenta de los croissants, rellenos de chocolate o no, y de la torta de azúcar acompañados por mistela y
orujo de miel, botella que todavía procedía de nuestra antigua relación con Ramón “El Asturiano” y que según la opinión de unos “quedaba como un regustillo a amargo” y la de otros “estaba cojonudo”.


















Después de varios kilómetros de desayuno y tertulia nos dispusimos a aprovechar la mesa que había traído Domingo y que a pesar de sus más de 30 años se encontraba en perfecto estado para acoger una rabiosa partida de guiñote, además con ¡baraja a estrenar!. Estuvimos jugando durante el trayecto que lleva de Monreal del Campo hasta Maranchón, y en determinado momento en que el azar nos sonreía con el as y el tres de oros, que era triunfo, un veinte en copas y otro en espadas, y cuando las curvas de la carretera ya habían desaparecido y nos aprestábamos a entrar en la autovía, un miembro de la pareja rival, alzó su melodiosa voz y exclamó “así no se puede jugar” recogió la baraja, el tapete y plegó la mesa, dando así por concluida la partida.

Cuando nuestra carretera N-211 de doble sentido intersectaba con la autovía A-2 en la localidad de Alcolea del Pinar, se comenzaron a oír frases como “habrá que parar a almorzar” o “¿dónde paramos?”. Pepe como encargado de la expedición tenía el tema controlado y respondía “un poco más adelante”, “en la próxima salida”, y como no podía ser de otra manera llegamos a Torremocha del Campo y los deseos se hicieron realidad, paramos a almorzar, bajamos del autobús, desplegamos la mesa, colocamos el mantel, comenzamos a abrir barras de pan, a restregar tomate y a rellenar con jamón, queso, chorizo y salchichón. Algunas que no gustan de estos manjares se conformaron con un bocata de tortilla de patata o con paté de olivas.

Con el estómago lleno nos dirigimos al bar en cuyo aparcamiento nos encontrábamos y nos tomamos unos cafés, carajillos, cortados o infusiones acompañadas de unos chupitos de orujo de hierbas que hicieron que los cuerpos se asentaran después de las curvas del camino.
Siendo las 10:00h reanudamos la marcha hacia nuestro destino en la capital.














El trayecto se hizo sin contratiempo ni demora y a eso de las 11:15 alcanzábamos Gran Vía y pocos minutos después la Plaza de Callao donde nos debería dejar el autobús.
Nos apeamos del vehículo con un calor sofocante, que llevó a alguno a dejar la cazadora o el paraguas en el autobús, recorrimos los 300 metros que separan la parada con nuestro destino, Gran Vía 34, el edificio del Grupo Prisa, llegamos al hall a la vez que una chica de Tenerife que también iba a ver el programa y un amable guardia de seguridad nos entregó los pases de visita después de comprobar nuestros carnets de identidad, pasamos el detector de metales, llegamos al ascensor, con él al primer piso, recorrer un largo pasillo, la final otro ascensor y hasta la planta 7, allí recepción de la Cadena Ser, nos esperaba nuestro amigo Alberto Granados que nos fue recibiendo a medida que llegábamos hasta que por la premura de tiempo tuvo que marcharse para iniciar su programa “AVIVIR MADRID”.


Todos reunidos de nuevo, nos dirigimos hasta el estudio, ocupamos nuestros asientos y asistimos a la entrevista de Fofito que presentaba su nuevo espectáculo “Alegría” y que como no podía ser de otra manera nos saludo con su famosa pregunta ¿Cómo están ustedes?. Después del payaso y de algunos colaboradores habituales del programa, tomamos los micrófonos, templarios, hospitalarios y beguinas.


Terminada nuestra mínima aportación al programa salimos a la terraza a fumar un cigarro o ver Madrid, nos encontramos allí con unos jóvenes que por su aspecto me llevaron a pensar que debían ser artistas, bueno por eso y por la guitarra que rasgaban con soltura.


Estuvimos un rato hasta que emprendimos la peregrinación por aquellos pasillos en obras, aquellos suelos provisionales y aquellos techos descubiertos mostrando infinidad
de cables y tubos, irrumpimos en el estudio de 40 principales donde compartimos lista con Tony Aguilar “pierde fuerza Manuel Carrasco que baja al puesto número 10 y sube al 9 Britney Spears con su disco Circus, Britney Spears que está…. que está como un queso”, seguimos nuestra excursión y entramos, los que cabían, en el estudio provisional de m80 y después en el de Radiolé


Casi eran las 2 del mediodía y Alberto estaba a punto de terminar, desandamos el camino y llegamos de nuevo al estudio donde aquellos jóvenes que compartían terraza estaban interpretando una versión de Rafael, mi ignorancia me llevó a preguntar a la productora del programa el nombre del grupo, y ella amablemente me respondió “Apnea, se llaman Grupo Apnea”, aquello no me aclaró nada porque seguía sin conocerlos, no así a algunos de nosotros que por tener hijos en edad adolescente tienen más conocimiento musical que un servidor.
Alberto terminó, salimos de nuevo a la terraza, fotos con él, con el grupo Apnea, con colaboradores del programa y con la joven de Tenerife



unos regalos en una bolsa de la Ser y unos libros “Leyendas Urbanas” de parte de Alberto, nos dispusimos a salir del edificio, al llegar a la puerta, Sonia ya nos estaba esperando y nos disponíamos a ir a comer cuando nos dimos cuenta que nuestras bolsas con los presentes para nuestros amigos de Madrid se habían quedado olvidadas en la séptima planta, allá que fueron Pepe y Domingo a recuperarlas.




Por fin, salíamos hacia el restaurante, calles llenas de “mujeres del oficio”, aunque no tantas como antaño, antes de la peatonalización, ni como a otras horas más propicias, haciendo caso omiso a insinuaciones y guiños, llegamos a Casa Perico















¡otra vez obras! los andamios de la fachada apenas dejaban ver la entrada al restaurante. Una vez dentro, profusa decoración, ¡cuidado con los bolsos y con las chaquetas, no tiréis algo!, botellas de vino por doquier y numerosas botellas de sifón colgadas encima de la barra.
Nos recibe Perico, saluda a Alberto y nos indica nuestra mesa, comienza el baile de sitios, el juego de la silla, “yo me siento aquí”, “no espera, cámbiate con Fulano”, “que se ponga aquí Mengano”, “vete más para allá”, “es que tengo la pata, y no quepo más aquí”, “¿quién se sienta aquí?” ¡vamos, lo habitual en estas reuniones!.
Por fin, todos ubicados, la mesa repleta de platos de jamón, aceitunas, anchoas, boquerones, tortilla de patata y chorizo, jamón de pato, ensaladilla rusa, cestas de pan y botellas de vino.

Antes de comenzar y teniendo en cuenta que todavía faltaba por llegar Eric Frattini, comenzamos con unas cañas, ¡bastantes cañas!, en determinado momento y viendo que las manos no paraban de llegar de manera furtiva a los platos de comida, Alberto, con muy buen criterio, consideró que era adecuado comenzar aunque Eric no hubiera llegado todavía. Como quien oye el pistoletazo de salida en la carrera nos avalanzamos, como si lleváramos días sin comer, sobre la ensaladilla, el jamón o la tortilla de patata.
A los pocos minutos llegó Eric, presentaciones, saludos, besos y rápidamente a seguir con la ardua tarea de dar cuenta de todo aquello que Perico nos iba sirviendo, arroz a lo cutre, ensaladas, croquetas, gambas con gabardina, chuletas de cordero, merluza o solomillo con ¡patatas fritas de verdad!, aderezado todo ello por una interesante conversación y vino y cervezas abundantes.

Llegaron los postres, surtido de natillas, cremas y helados, cafés, chupitos de orujo, limoncello o pacharán, Eric se levantó e hizo entrega de varios libros suyos que obviamente dedicó y firmó, algunos empleando más tiempo en la rúbrica que en el propio texto del libro. Alberto hizo lo propio con los suyos y nosotros les regalamos unas cántaras de Noccino, unas cartillas del Instuituto de Estudios Turolenses y ejemplares de los fueros, a las señoras un colgante de la estrella mudéjar.
Seguimos con la tertulia, y los chupitos (algunos más chupitos que tertulia).


Toda reunión que se precie debe tener prevista una continuación y por eso se empezó a gestar una aventura en tierra santa. Eric propuso un viaje a Israel, visitando Jerusalem, el santo sepulcro, Acre o basílicas templarias, a partir de ese momento ese tema ocupó mucha parte de la conversación y quedó como objetivo a cumplir sin dejar pasar mucho tiempo.
En determinado momento las Beguinas decidieron salir del local y emprender una visita por los alrededores, nosotros seguimos “sufriendo” alrededor de aquella mesa.
Al cabo de un rato, Perico, que ya era uno más de la reunión aunque manteniendo el saber estar de un profesional,


nos instó a abrir una de las cántaras de Noccino para pobrar su contenido, así lo hicimos, abrimos la que habíamos regalado a Alberto porque Eric agarró la suya amenanzando al que osara tocarla, nos servimos y entonamos nuestro brindis, ese que Eric en su libro El Laberinto de Agua denomina “brindis veneciano del siglo XV”. Prometimos reponer la cántara de Alberto aunque sea por valija interna.



Al rato solicitamos a Perico que nos sacara una botella de su cava “Don Pericón”, se fue a la bodega y volvió con una botella y un gorro que debe ser usado por aquel que descorche la botella,

lo tomó Eugenio y poniéndose en pie encima de la silla accedió al estante donde estaban las copas y después de tirar uno de los cuadros de la pared, cogió tantas copas como comensales y las llenó de cava, brindamos y dimos buena cuenta de aquel espumoso tan fantástico.

Seguían las risas y nos hicimos fotos todos los allí presentes con el típico gorro de Don Pericón, pero eso queda en el ámbito de lo privado.

Perico nos brindó la posibilidad de firmar en el libro de honor del local, asumió la responsabilidad el Maestre en nombre de toda la encomienda y escribió cuatro líneas muy emotivas que obviamente fueron subscritas por todos los demás.
Curioseamos el libro y encontramos las firmas, entre otras, de Saramago, Carlos Herrera, Iñaki Gabilondo, Joaquín Sabina, Victor Manuel, Miguel Rios o Pepe Domingo Castaño
















En determinado momento y ante las insistentes llamadas de las Beguinas y teniendo en cuenta que Perico había cerrado el local hacía tres horas, nos dispusimos a salir del mismo, saludos a Perico, alabanzas por doquier por el local y por
la comida y a la calle.
La climatología había cambiado, describiendo perfectamente nuestro ánimo, entramos al local con la alegría de la primavera, el sol y el calor y salimos con la tristeza del otoño, lluvia, viento y frío

¡Craso error!, a partir de ese momento, la desorganización. “Hemos quedado en los billares”. “No, hemos quedado en la cafetería de arriba”. “No, vamos a tomar una caña en la cervecería “La Cruz Blanca”. “No, mejor llamamos al autobús y nos vamos”. Resumiendo, se cumplió todo, unos a las cañas, otros a los billares, otros al café, otros perdidos y otros al autobús.

Al final besos y abrazos a Sonia, Alberto, Eric e incluso algunos telefónicamente se pudieron despedir de Silvia y compromiso firme de organizar el viaje a ACRE.

Emprendimos camino de regreso hacía Teruel, parada en Alcolea para tomar un refrigerio y de nuevo al autobús, película de la que no voy a hacer ninguna reseña primero por su calidad y después porque Morfeo me atrapó impidiendo que me pudiera formar una opinión suficientemente fundada de la misma.

Llegada a Teruel, después de nieve y lluvia, dispersión y fin de la excursión.

¡¡¡¡NOS VEREMOS EN ACRE!!!

domingo, 15 de marzo de 2009

ESTA BATALLA, ¡SI!

Rondaban las 22 horas del dia 13 de marzo cuando, perfectamente pertrechados y sobrados de hambre, la encomienda se reunía en el restaurante designado para dar cuenta de las viandas elegidas.

Nuestra encomienda se ha caracterizado desde antiguo por moverse mejor en batallas de este tipo, más jocosas y distendidas


que en otras más soleadas y sudorosas


Así que, haciendo honor a nuestra condicion, y después de una "importante" inversión, no exenta de crítica por alguno, de 1'50€ por cabeza en cañas, algunas de ellas acompañadas de gaseosa, nos instalamos cómodamente en nuestras ubicaciones entorno de una larga mesa y dimos buena cuenta de unos entrantes, una paletilla de cordero y unos dulces.

En determinado momento de la cena, el maestre entregó a cada uno de los veteranos de Castres un sobre cerrado con el nombre impreso que contenía el pago de la soldada por aquella incursión. Como era de esperar ese hecho produjo abundantes comentarios, ligeras sonrisas y mucha envidia entre los que no hubieron acudido al evento.

Cuando la cena hubo terminado y acompañados por licores a discrección, pasamos a esa otra gran pasión de la encomienda que es la de conversar llegando incluso a tener que desplazarnos a otra sala contigua más íntima y adecuada a nuestra condicion de monjes guerreros o guerreros monjes.

A altas horas de la madrugada y cuando el moderador de la "tertulia" decidió que estaban claras todas las propuestas y que no estábamos llegando a ninguna conclusión, se disolvió la reunión, hicimos frente a nuestras deudas con el tabernero y nos dispusimos a abandonar el local.




Como quiera que el suelo estaba muy "resbaloso" y que el estado de algunos de los hermanos no era, precisamente, el de perfecto estado de revista, se produjo un pequeño percance a la salida del local dando con los huesos de nuestro hermano de Qalat-Ayub haciéndole ver "todas" las estrellas





Obviamente y siguiendo los instintos propios de la condicion humana, el resto de la encomienda cuando presenció el incidente irrumpió en carcajadas que pudieron oirse, según cuentan, desde el Pinar.



A partir de aquí la mayoría de los hermanos se retiraron a sus aposentos y unos cuantos, faltos todavía de sueño, decidieron visitar otros locales donde aplacar su sed.

Seguiremos "batallando", bebiendo, comiendo, tertuliando, riendo y espero que no resbalando ni cayendo.